La integración de la mujer en la comunidad marítima ecuatoriana

Javier Acuña, PhD (c)

Abstracto.-
Analizamos el grado de integración de la mujer, en la comunidad marítima ecuatoriana, en tres segmentos de ésta industria: la administración pública, el sector privado de servicios (donde incluimos la educación) y el sector industrial primario. Al comparar los datos de los tres sectores, advertimos patrones de comportamiento del empleo en el sector marítimo portuario ecuatoriano, que contrastan, en lo referente a la inclusión de la mujer, con los generales del mercado de trabajo del país, favorables para la mujer, referidos a la cantidad y calidad; y, de empoderamiento y visibilidad de roles funcionales, tanto en la administración pública, como en el sector privado de servicios, de ésta industria. Analizamos las razones de ésta situación, que coloca a la comunidad marítima del Ecuador como un entorno favorable para el desarrollo profesional de las mujeres que trabajan en ella, a través del estudio del desarrollo normativo y de las políticas públicas que se han llevado a cabo en los últimos años, que han permitido éste positivo desarrollo del mercado de trabajo ecuatoriano inclusivo con la mujer en este sector de la economía; y, en poderoso contraste con el comportamiento del mercado de trabajo marítimo portuario, en los países de su entorno regional, algunos de éstos, países de larga tradición marítima.
Palabras clave.- Mujer Ecuatoriana Comunidad Marítima. Trabajo Mujer Ecuatoriana.

La mujer en la comunidad marítima ecuatoriana
El Ecuador es un país con vocación marítima, pero solo en los últimos veinte años ha realizado esfuerzos para adecuar sus potencialidades con la realidad. Situado en la cuenca del Pacífico con un perfil costanero amplio y que cuenta con puertos naturales de aguas profundas y estuarios protegidos por accidentes geográficos, que minimizan en impacto del cambio de las mareas, que facilitan, de esta manera, la actividad marítimo portuaria.
Ecuador, país tradicionalmente exportador de materias primas (renovables y no renovables), desde los inicios de la vida republicana independiente, por el año 1830, ha usado del transporte por mar para la expedición de sus productos, principalmente banano, cacao, café, entre otros productos agrícolas, así como petróleo crudo,. Más no se ha preocupado de la configuración de una comunidad marítima propiamente dicha; tan sólo en el último cuarto de siglo, ha implementado las bases que han permitido el desarrollo de la actividad marítima.
La precariedad de esta situación, difícil por sí misma, para la formación de un cuerpo profesional debidamente capacitado para los desafíos propios de este ámbito, contribuyó a la exclusión y falta de visibilidad de la mujer ecuatoriana en esta actividad económica. El sector, tradicionalmente masculino, optó por aludir a factores de tipo histórico, religioso, cultural y aún a supersticiones para justificar la discriminación de la mujer para cumplir un papel cabal en la mar. Así, la mujer, concebida únicamente como procreadora, guarda del hogar y posible factor de discordia en alta mar, se encontraba prohibida de formar parte de la tripulación, menos aún de ejercer cualquier mando, estigmatizándose incluso a aquellos navíos que brindaban cualquier tipo de cabida a las mujeres.
Aunque la situación descrita es por desgracia, aun común en los países con poco desarrollo de la industria que nos ocupa, y que sin lugar a dudas constituye un factor que no solo le atañe al trabajo en la actividad marítima, sino a otros sectores económicos, cuyas condiciones configuran entornos hostiles a la inclusión de la mujer; y el Ecuador no ha sido ajeno a dicha situación.
En la última década del siglo veinte y en lo que va del presente siglo, en el Ecuador se ha producido una interesante paradoja, que tiene al mercado laboral del sector marítimo como ejemplo paradigmático donde la presencia de la mujer, ha pasado de ser testimonial, para convertirse, dado su grado de inclusión, visibilidad y empoderamiento, en un factor discordante, en relación con el mercado laboral ecuatoriano, que adolece aún de profundas brechas en cuestión de género y calidad del trabajo que las mujeres tienen acceso. No deja de ser significativo, que precisamente en el sector que nos ocupa, se haya producido tal “distorsión” a las condiciones “tradicionales” en el mercado de trabajo.
De los datos proporcionados por el Instituto ecuatoriano de estadísticas y censos, sobre la población económicamente activa, tres quintas partes de dicha población está ocupada en relación de dependencia, y de ella un tercio corresponde a las mujeres, huelga resaltar que el trabajo en casa no se considera en el país para éstas estadísticas. Pero en contraste, cuando se discrimina por sectores de actividad, la actividad marítima, configurada en tres subsectores: la administración pública (donde se incluye el personal militar), el sector privado (donde incluimos la educación) y el sector industrial primario, se denota una significativa participación de la mujer en ellos, ubicándose en mejores condiciones laborales por actividad relevante y grado de responsabilidad, las mujeres que trabajan en el sector público y sector servicios, que en el sector industrial primario, de la actividad económica que nos ocupa.
Luego, hemos de analizar las razones que han llevado a que el grado de integración de la mujer, en la comunidad marítima ecuatoriana, en dos de esos tres subsectores, haya alcanzado tales positivos resultados que coloca a la comunidad marítima del Ecuador como un entorno favorable para el desarrollo profesional de las mujeres que trabajan en ella, en poderoso contraste con el comportamiento del mercado de trabajo marítimo portuario, en los países de su entorno regional, algunos de éstos, países de larga tradición marítima. Así según datos extraídos de la “I Conferencia sobre el rol de la mujer dentro del sector Marítimo” celebrada en Panamá, en 2012; la industria marítima centroamericana, empleaba algo más de mil ochocientas mujeres, de entre ocho mil trabajadores del sector, siendo el país anfitrión de la Conferencia, país de larga tradición marítima, quien presenta el más alto ratio de paridad con un cuarenta y dos por ciento de trabajadoras portuarias, dada la presencia de un gran número de funcionarias que trabajan para la Autoridad del Canal, más al interpretar las cifras en ellas presentadas, el número de funcionarias de alto rango, en relación con el total de trabajadoras, deja resultados poco halagüeños para la visibilidad y empoderamiento de la mujer, puesto que la mayor parte de puestos de trabajos que las mujeres realizan en dicha institución, son de naturaleza administrativa, y no de labores de dirección.
En contraste, según datos del Ministerio de Transportes y Obras Publicas del Ecuador, también dirigido por una mujer, la comunidad marítima ecuatoriana en los tres subsectores de nuestro análisis, emplea un treinta por ciento de mujeres del total de sus trabajadores, siendo el dato “paradójico”, que de éste porcentaje, más de la mitad, de la fuerza laboral femenina, se encarga de labores de dirección, de las cuales un veinte por ciento, realizan actividades para las cuales se requiere un nivel de preparación técnico de grado de educación de cuarto nivel; llegando, a modo de ejemplo, a monopolizar algún que otro sector muy relevante de la comunidad como es el caso de la unidad de fletamento de la Flota petrolera ecuatoriana, cuyas funcionarias tienen la responsabilidad de mover el cuarenta por ciento del petróleo crudo que el país exporta cada año.
Interpretando los datos del subsector “Administración pública”, facilitados por la Subsecretaría de Puertos y transporte Fluvial, dirigido también por una mujer, sobre el grado de integración de la mujer en las cuatro Autoridades Portuarias del país (Guayaquil, Manta, Esmeraldas y Puerto Bolívar), se desprende que la inclusión y visibilidad de la mujer en las dichas instituciones, oscila entre un treinta y un treinta y seis por ciento, del total de sus trabajadores, dependiendo de la institución que se trate. Distinta es la realidad en las instituciones dependientes de la Armada del Ecuador, donde las funcionarias que trabajan en calidad de técnicos administrativos en su mayoría, como de oficiales y tropa de los cuerpos de seguridad del Estado, incluyéndose el servicio de guardacostas, como los de Practicaje y Remolque, tan solo alcanza un exiguo doce por ciento del total de personal adscrito a la institución.
En cuanto al subsector “sector privado” del análisis de los datos proporcionados por la Cámara marítima del Ecuador, y de la Asociación de terminales portuarios privados del Ecuador, instituciones de naturaleza privada, que reúnen a la práctica totalidad de las empresas y profesionales del sector servicios de apoyo de la actividad marítimo portuaria del país, nos revela que el grado de empoderamiento y visibilidad de la mujer, llega a cubrir un muy significativo treinta y seis por ciento del total de trabajadores del sector, con especial relevancia en las trabajadoras muy cualificadas o que para desarrollar su cometido, requieren formación de cuarto nivel, y de aquellas que realizan funciones de dirección y gerencia, bien sea en calidad de ejecutivas en régimen laboral o ejecutivas propietarias de acciones o participaciones, de las empresas que dirigen. Escenario muy similar, podemos encontrar en la actividad educativa, que tiene relación con la preparación de personas que han de trabajar para el sector que nos ocupa, destacándose que de las instituciones educativas privadas y públicas que se dedican a la preparación de cuatros funcionales técnicos, o cuadros funcionales ejecutivos, llegan a alcanzar casi la paridad un cuarenta y seis por ciento de mujeres matriculadas en dichas instituciones, destacase negativamente que el grado de matriculación de mujeres en las instituciones que preparan oficiales para la marina mercante, nos encontramos con datos similares al grado de inclusión de la mujer en el sector público, dependiente de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, es decir de un diez a un catorce por ciento de inclusión de mujeres del total de estudiantes, según datos proporcionados por la Dirección nacional de espacios acuáticos y la Subsecretaría de educación del Ecuador.
Del análisis que hacemos para el subsector “primario – industrial”, de los datos proporcionados por el Ministerio de relaciones laborales del Ecuador y la Federación de cámaras de la producción del Ecuador (habiendo segregado los datos por sectores de actividad productiva, ocupando solo aquellos que tienen relación con la actividad económica que nos ocupa), podemos afirmar que es decepcionante lo poco que se ha avanzado en el país, para el sector marítimo portuario, en grado de inclusión y por supuesto nivel de responsabilidad en la organización que ocupa la mujer en dicho subsector, dado también el reducido número de empresas ya sean privadas o públicas que se dedican bien sea en astilleros o reparación, como el trabajo en la mar en calidad de dotación o tripulantes, que nos coloca en ratios similares al de los países de nuestro entorno.
Luego, es menester desarrollar una explicación, que nos permita comprender, cuales son los motivos que han llevado a un comportamiento del mercado de trabajo ecuatoriano en los subsectores “administración pública y sector privado”, de la actividad marítimo portuaria que nos ocupa, favorable para la mujer ecuatoriana, en relación, claro está, con el mercado de trabajo del país, que aún adolece de profundas distorsiones muy desfavorables para con las mujeres.
Nuestro país, que sigue padeciendo altos ratios de exclusión por razones de índole económico y de género, se ha visto luego de las crisis social, política y económicas del último lustro del siglo veinte, en la necesidad de reinventarse, al menos en lo que se refiere a la capacidad de entenderse como sociedad, donde al dotarse de un marco constitucional al menos nominalmente menos excluyente, ha ayudado a configurar un relato social que en principio inorgánico, puesto que la realidad no se correspondía por lo rezado en el texto normativo, situación no muy diversa también en los países de nuestra comunidad geográfica y cultural, si permitía el principio del proceso de adecuación de la realidad a lo descrito por la norma jurídica, donde desde la Constitución de la República, se consagra el muy manido principio de no discriminación por razones de género, más permite que el Ordenamiento Jurídico en su conjunto, partícipe también del relato constitucional, con disposiciones directamente aplicables, coadyuven a volver aplicable, real, efectivo, el deseo constitucional, de inclusión de la mujer, en el mercado laboral, y donde más se ha podido notar éste cambio de paradigma es en la Administración Pública, puesto que es en el cuerpo funcionarial, donde las disposiciones legislativas de carácter incluyente, han sido muy efectivas.
Lejos está de nosotros la paridad, por desgracia, la legislación no se ha atrevido a afrontar tal reto, más para la realidad de la mujer ecuatoriana de solo hace pocas décadas, el camino a su inclusión puede ser menos difícil ahora, más el dato relevante es que no solo las políticas públicas de inclusión que directamente inciden en la conformación del cuerpo funcionarial del Estado, en sus diferentes administraciones, sino que el relato de la necesidad de la inclusión a calado en el sector privado, muchas veces tradicionalmente reacio a la modificación de las conductas sociológicas previas.
El sector privado de apoyo o de servicios a la actividad marítimo portuaria, en el Ecuador, se ha venido llevando a cabo por empresas de rango pequeño o mediano, generalmente de accionariado cerrado o directamente de índole familiar; circunstancia que ha funcionado en dos direcciones contrapuestas pero de naturaleza igual, contrapuestas en cuanto la idiosincrasia del empresario latinoamericano ha sido tradicional, patriarcal y paternalista, caldo de cultivo idóneo para que las practicas de la exclusión de las mujeres del mercado laboral sean una realidad, más también por el hecho de su naturaleza constitutiva, dichas empresas, se han visto abocadas al cambio generacional y en tales trances, la mujer ha visto la oportunidad para hacer valer sus capacidades ya que ésta generación de ecuatorianas se ha preocupado mucho en prepararse académicamente, a diferencia de la generación de sus madres, que o no tenían la posibilidad de realizar estudios superiores, o cuando los realizaban, la presión social, hacía que abandonasen la profesión para la cual se habían preparado, por el trabajo en casa, o en la mayoría de los casos el techo de cristal, impedía el acceso de la mujer a los cargos de dirección, quedando ejemplos tan solo testimoniales de la presencia de la mujer en juntas de accionistas o directivas gerenciales de la generación anterior.
También ha influido en éste hecho diferencial de la comunidad marítima ecuatoriana, la capacidad de atracción de talento que la instalación de empresas multinacionales conforme ha venido desarrollándose la economía ecuatoriana, que con prácticas de políticas inclusivas para con la mujer, ésta ha visto que la inversión en su preparación académica, se veía recompensada en el desarrollo profesional adecuado a sus capacidades, dada la cultura empresarial más inclusiva y justa en materia de género de dichas empresas, generalmente del sector servicios.
Por tanto podemos concluir que aunque los factores que hacen de la comunidad marítima ecuatoriana un ambiente favorable para la mujer, en relación con las condiciones de nuestro entorno geográfico, aún existen brechas que es menester corregir, como la todavía practica exclusión de la mujer en el sector primario industrial, que se debe a la tradicional comportamiento consentido por la dinámica económica, donde las mujeres sin acceso a la preparación técnica necesaria, no pueden acceder al mercado laboral y por ende mejorar su situación, permaneciendo en la rueda de situaciones que favorece su exclusión. La participación de la mujer en los servicios que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado tiene asignado en la comunidad marítima, es otra de los fallos sistémicos que es menester corregir, así como el acceso en el sector público a las altas magistraturas de las funciones portuarias, como jefaturas de Autoridades portuarias y órganos de dirección técnica. Mas en nuestra opinión, para las potencialidades del Ecuador en la industria marítima, y dado el corto período de tiempo en que los cambios a favor de la visibilidad y empoderamiento de la mujer, se han sucedido, la comunidad marítima ecuatoriana, está en la dirección correcta para conseguir la plena igualdad de acceso por meritos propios de la cualquier ciudadana y ciudadano, que desee que su realización profesional y personal pase por la cada vez más dinámica e inclusiva comunidad marítima ecuatoriana.
Javier Acuña.-

Agradecimientos.-
Para la construcción de éste artículo, agradecemos la contribución de los datos necesarios, de público acceso, de las instituciones públicas y privadas citadas en el texto, en especial a la Autoridad Portuaria de Manta, y a la Universidad del Pacífico, casa en la cual prestamos nuestros servicios profesionales.

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