EROS EN LA POESÍA DE ANA ROSSETTI

Yolanda Rosas, Ph.D.

Publicado en Revista Carácter Volumen 1 – Diciembre 2012, Universidad Del Pacífico

 

En este ensayo, desde una perspectiva feminista, es decir, una lectura hecha por una mujer que lee como mujer,  se comentará presencia de Eros en la poesía de Ana Rossetti tomando en consideración la colisión entre la ideología y las prácticas culturales que han dado paso a la nueva imagen de la mujer que se proyecta en su poesía.1  Este acercamiento implica que, para ser una mujer lectora y por lo tanto un crítico feminista, tenemos que entender que una lectura de género necesita anticipar simultáneamente varias percepciones.  El concepto de lectura de género, afirma Maggie Humm, involucra tres comparaciones. Leemos con las experiencias biológicas (menstruación, reproducción, etc), con la identificación de la condición femenina (identidad de madre y de la infancia) y leemos con el papel del género o conciencia de femineidad social. En consecuencia, analizamos el tema del erotismo en la poesía de Rossetti  dentro de este marco de comparaciones en un intento de balancear el vacío de la visión de la humanidad y de la realidad desde la experiencia y perspectiva femenina.

Rossetti, al igual que otras escritoras de su generación, destruye en su poesía los estereotipos tradicionales de la mujer–la pasiva, el ángel del hogar, la devoradora de hombres, etc. –a la vez que plasma los diferentes cambios que ha experimentado la situación de la mujer en la sociedad actual. Mirella Servodidio afirma:

Rossetti’s opus does not surrender to biological essentialism or to disintellectualized carnality. Rather, the poet is engaged in a renegotiation of power and gender that can partially be understood within the context of post-modern social constructionism. (319).

Mujer de los turbulentos 70, Rossetti ha logrado lo que Cixous llama “escribirse a sí misma en su escritura” (Le June, 170), escribirse en unos poemas subversivos, capaces de proveerle una vía hacia la libertad, es decir, encuentra su feminismo en su lenguaje.  Dentro del tema que nos ocupa, Rossetti  incursiona en la revisión de códigos culturales donde se coloca a la mujer en moldes de dependencia y donde se limita su erotismo.  Para destruir estos moldes, Rossetti crea un yo poético capaz de actuar en control de su vida por medio del auto-conocimiento y la trasgresión de los códigos que le han impedido  gozar de su sexualidad. Para probar esta trasgresión de los códigos sexuales, se comentarán los poemas “Chico Wrangle,” “Mi marinero en tierra” y “Calvin Kline” entre otros; no sin antes comentar los poemas en que se presenta el auto-conocimiento como parte de la evolución necesaria para poder hacer la trasgresión sexual.

En los poemas de Devocionario  (l986), Rossetti no sólo ofrece una revisión de la cultura  patriarcal bajo la influencia de la iglesia católica sino que presenta una mujer que ha evolucionado dentro de esa cultura.  El poema “Purifícame” (52), desde el epígrafe,  conlleva una subversión: “Dichosos los que salieron de sí mismos” (Collete). Estas palabras son el preludio para una gran verdad: para lograr un sitio en el mundo, para lograr el auto-conocimiento, es necesario aprender de la experiencia.  Siguiendo los postulados de Kristeva que en “Women’s Time” apunta que hay que darle un lenguaje a las experiencias intra-subjetivas y corporales dejadas mudas por la cultura del pasado, Rossetti, por medio de su yo poético, retoma ese pasado para buscar la distinción entre “lo imaginario y lo simbólico” y hace que su discurso se acerque a su cuerpo, hacia lo innombrable reprimido por el contrato social (Kristeva, 199), y dice:

Al final, siempre recurro a ti

a tu silencio huraño ante la maravilla

a tus bucles pacientes bajo el sol, irisándose,

mientras querías ser santa apretando amapolas

a tu desolación que era un ópalo turbio

y a esa terquedad de no mostrarlo nunca. (10-15)

El mensaje es claro, la mujer de hoy debe encontrarse a sí misma en su propio ser,  aunque  tenga que volver al ayer opresivo por medio del recuerdo. Esta imagen de la mujer indica que no es necesario romper con el pasado sino recuperar lo aprendido en él y usarlo como una ayuda específica para plasmar el resultado que es la mujer de hoy. En “Purifícame” la mujer vuelve a la niña de ayer para recuperar y adoptar poses viejas, secretos guardados en una:

Voluntad educada para ser guardadora

para que de tu rostro no saliera

ni un atisbo de ti, ni el corazón vaciar

por calladas cuartillas, por la morada lana

de los confesionarios. Ni en lágrimas

verterlos.         (18-22)

En estos versos, queda plasmada o representada la imagen de la mujer educada para ser el ángel del hogar, reprimida aún en su potencial poético. El ángel del hogar, afirma Bridget Aldaraca, fue un ideal que “vivió y respiró” en las páginas de libros y revistas a partir de los años cincuenta del siglo XVIII. La inhabilidad de ciertas mujeres de alcanzar este ideal fue lo que dio origen a figuras como Emma Bovary y Fortunata, entre otras  (63). Cuando la hablante de este poema, con gesto conmiserativo dice: ” mi siempre lastimada y jamás dulce niña/ atesorando ibas antifaces”(v.26-27),  a continuación proclama “Y no me adivinabas heredera y alumna” (v.28).  Si desde niña ha tenido que esconder su verdadero sentir, ahora de mujer,  la hablante ha superado el miedo. Esta ruptura del ideal femenino promueve una revisión de la ideología de la domesticidad que trae como consecuencia una mujer que hoy se pone o se quita los antifaces a su gusto. La palabra “simulacro” en el verso 27  da la clave: una vez adulta la hablante recurre a los antifaces por voluntad propia, no por miedo.  Los retoma para controlar su destino en un mundo lleno de acoso. Ahora recuerda, y sabe manejar sus experiencias subjetivas porque con ellas afirma su ser femenino.  Pero al mismo tiempo, la hablante de estos versos “utiliza” esta voluntad educada para sacar una ventaja en el presente donde la propia contención es su defensa. La cautela es su mejor arma:

Pero, tanto sigilo, que ya no me sé el nombre

de las cosas, ni de este sentimiento

que está sobrepasándome, dulce e impetuoso,

doloroso, quizás, quizás desesperado. (35-38)

La mujer ha tomado conciencia de su ser, y este sentimiento,  a pesar de ser desesperado,  la “sobrepasa”, es más fuerte que los años de tradición impuestos sobre su vida. Aunque:

En no entenderlo está mi vanagloria,

está mi precaución y mi obediencia.

Mi niña, mi tirana, contemplándote

sé que todo es inútil, que me parezco a ti,

y que en ti permanezco, voluntaria y cautiva.

Es mi memoria cárcel, tú mi estigma, mi orgullo.(43-48)

La niña de ayer nunca saldrá de su vida pero la permanencia en su recuerdo es fuente de valor cuando le dice: “tú mi estigma y mi orgullo.”

El concepto de mujer que se plasma en este poema es una deliberada alternativa a la identidad fuera de sí misma y,  por consiguiente, fuera de metáforas paternales (Rosas, “Novísima…”, 193). Es una innegable asociación del cuerpo femenino al lenguaje cuando dice: “yo albacea, boca divulgadora/ que a tu dictado vive.”   Con esta aseveración, Rossetti logra vincular lo femenino tanto a la metáfora de la lectura como a la de la escritura puesto que, como afirma Ugalde, asumir la riqueza expresiva de la tradición sin que ésta consuma la originalidad, es un reto difícil para la mujer (24).

En otro poema, “Escarceos de Lou Andreas Salomé a espaldas de Nietzsche, claro,” (Indicios, 45), Rossetti crea una hablante lírica que se enfrenta al prototipo del macho que la atrae con su “Despiadada belleza” (v.1) que la  excluye de sí (v.6). La hablante es apasionada y se encuentra ignorada y excluida en el amor y en el placer:

La luz roza en tu carne mi desierto,

mi camino de sed, mi pasión incesante

de hermosura.                             (2-4)

John Wilcox dice al respecto: “Su pasión la esclaviza, la reduce a un estado de quemante sequedad, la convierte en un ardor seco y estéril. Rossetti nos ofrece aquí una visión de la incompatibilidad amorosa vista por los ojos de una mujer “(528).

Por lo tanto, concluimos con Wilcox (“Ana Rossetti y sus cuatro musas poéticas,” 528) en que la representación femenina en el poema es una revisión del aspecto tiránico del comportamiento masculino que no ha tenido nunca en cuenta el sentir de la mujer. Rossetti, como dije  previamente,  revisa los códigos culturales que habían encasillado a la mujer y logra romper sus moldes.  En esta ocasión quisiera referirme a los que limitaban  el erotismo femenino.

Como bien afirma Servodidio,  Rossetti se enfoca temáticamente en el ritual de la copulación y en la liturgia del deseo, para lo cual crea un personaje múltiple que mantiene un orden rotativo, lo mismo puede ser observador o hablante del poema (329).

En el último poema arriba estudiado se plantean ya los temas de la copulación y del deseo; sin embargo, estos se limitan  a la falta de tacto y conocimiento de la sexualidad femenina. En  “Chico Wrangler” ,”Calvin Klein” y en “Mi marinero en tierra,” entre otros,  el erotismo se convierte en arma y, como afirma Ugalde, desplaza con desparpajo las preocupaciones masculinas.  En ellos se superan ciertos velos y se muestra otra forma de ver la sexualidad femenina. Rossetti es, siguiendo a Harold Bloom, una poeta fuerte que acepta el reto de la tradición y encuentra su propia voz. La experiencia erótica femenina pasa a ser un nuevo centro (Ugalde, “Erotismo.., 24).

En los poemas amorosos rossettianos, la relación sujeto/objeto se plasma desde una perspectiva nueva. Tradicionalmente, la mujer ha sido siempre el objeto presente en los poemas; ha sido la idealización masculina, el objeto de su admiración, pero en  los poemas amorosos de Ana Rossetti existe como objeto la figura masculina. Esta figura no es un individuo sino simplemente un cuerpo joven y bello, es decir un objeto. Al manipular el objeto, es la hablante el sujeto y, por consiguiente, la que disfruta del deseo sexual. En “Chico Wrangler” (Otros poemas) se invierte la idealización masculina y es una hablante la que por medio de la objetivización del amado experimenta el placer:

Dulce corazón mío de súbito asaltado

Todo por adorar más de lo permisible.

Todo porque un cigarro se sienta en una boca

y en sus jugosas sedas se humedece.

Porque una camiseta incesante señala,

de su pecho, el escudo durísimo,

y un vigoroso brazo de la mínima manga

sobresale.

Todo porque unas piernas,

unas perfectas piernas, frente a mi se separan.

Se separan.                                         (99)

Por medio de esta selección, Rossetti logra descentrar el modelo de la mujer objeto en la poesía y en los medios publicitarios (Ugalde, Erotismo, 25). La propaganda, no un individuo, ha sido la que ha proporcionado la imagen ideal para que la hablante pueda disfrutar al máximo de los placeres sexuales. La voz poética se expresa en primera persona en el primer verso, en los nueve restantes sólo se describen las causas del “súbito” asalto que la ha conducido al éxtasis. El placer deseado es puramente físico, se describen partes del cuerpo: “la boca”, “el pecho”, “el brazo” y las piernas” que despiertan en la mujer que observa una anticipación al deleite que va en un crescendo a medida que la mirada desciende hacia el lugar de su máximo placer . Los adjetivos que califican estas partes: “escudo durísimo,” vigoroso,” perfectas,” plasman las preferencias hacia el objeto admirado. Las anáforas, “Todo” y “porque” acumulan tensión que conduce al clímax en “se separan.”

De igual manera, en el poema “Calvin Klein” la objetivación del amado se logra por medio del deseo de objetivación del sujeto mismo. Las  imágenes del deseo  quedan puestas de manifiesto por medio de una enumeración escalonada, una correlación progresiva que apunta hacia el final.  La estructura del poema se sustenta en la intensificación del deseo expresado por la hablante.  El anhelo expresado por el “Fuera yo..” se complementa con imágenes sensuales que tienen la cualidad de lo externo acariciante:

Fuera yo nevada arena,

alrededor de un lirio

hoja de acanto, de tu vientre horma,

o flor de algodonero que en su nube ocultara

el más severo mármol travertino.

Suave estuche de tela, moldura de caricias

fuera yo, y en tu joven turgencia

me tensara.                                          (1-8)

Estas imágenes elaboran una objetivación del cuerpo masculino a medida que moldea con el objeto deseado el cuerpo del tú  y  llega a un clímax al expresar: “fuera yo Calvin Klien.” Hacia el final de la composición, las partes del cuerpo  sirven como fuente de referencias y proporcionan imágenes visuales:

Fuera yo tu cintura

fuera el abismo oscuro de tus ingles,

redondos capiteles para tus muslos fuera.

Fuera yo, Calvin Klein.                     (9-!2)

Las imágenes que idealizan el cuerpo masculino se deslizan desde la cintura hacia abajo. La hablante siente placer por medio de la contemplación, y quisiera que los calzoncillos del amado se convirtieran, por la fuerza del deseo, en  el cuerpo femenino para sentir su contacto. En este poema se consigue remover el código social que connota conformidad y de-construye la jerarquía del género.  Rossetti en una entrevista conmigo ha dicho al respecto:

Toda la vida se nos ha enseñado que las mujeres nos debemos entregar por amor. Eso es una falacia. Cuando una chica empieza a desear a un hombre, al sentir esos deseos, cuando la acucian, ya cree que está enamorada, lo cual la lleva a cometer los mayores disparates, sin saber desligar que son las hormonas lo que tiene revueltas. El amor es algo más serio que una atracción. (Tiene que ver con el espíritu, comprensión de gustos, etc. que nada tienen que ver  con que un chico te guste o que sientas mucha necesidad). Y entonces, yo escribo desligando eso. No tiene nada que ver que un tío me guste, y yo de los calzoncillos del modelo de Calvin Klein me quede encantada. Pero no se puede ir más allá que admirarlos, que no se puede llegar a una relación duradera. Eso, los hombres lo tienen bien claro, pero a las mujeres no nos lo han hecho ver así. (1)

La hablante del poema es la representación de una mujer  que ha aprendido a hacer este deslinde  lo cual le permite una actitud de control tanto de sí como de su deseo.

Más lejos nos lleva el poema “Mi marinero en tierra.” La hablante lírica ya no sólo desea sino que contempla, describe y posee al Otro. Por medio de imágenes visuales, el poema presenta un hombre viril curtido por el mar. Significantes tales como: bruscamente, afilado, escollera, firma, acecha, tostada mejilla, voz de tu apremio, establecen la personalidad del personaje masculino y su urgencia sexual. Como afirma Hilde Cramsie (200), el “Tú” desea agredir pero el yo no se lo permite.”  La hablante exclama: “Y me adelanto, y sé donde una escollera/ más firme que tu pecho….”  Para luego continuar: dónde abismo que iguale al que tu boca acecha”. De esta manera, la hablante pone punto final a la agresión, ella es igual. A pesar del apremio del amante, la hablante es quien se lanza al asedio y está consciente de su deseo. Al ser la iniciadora del acto sexual, la hablante ha roto el molde que controlaba su erotismo. Al contraponer un dique-escollera al abismo consigue una igualdad sexual. La hablante lírica ya no se conforma con la contemplación y el deseo; quiere satisfacerlo, y lo consigue. El mismo hecho de desnudar al amante, conlleva una revisión-de-construcción del mito de la modestia y pasividad femenina.  Como afirma Servodidio,  Rossetti antepone la agresividad a la pasividad femenina y logra que sus hablantes descubran con sus propias manos los tesoros que la ropa masculina oculta (324). La mujer que se plasma en este poema está consciente de su sensualidad y quiere satisfacerla. Rossetti contestando a otra de mis preguntas afirma:

Yo pienso que desde el 68 empezó, de alguna manera, a abrirse otras posibilidades de ver las relaciones entre los sexos y de tener otra relación con nuestro cuerpo. Esta revolución contracultural nos hizo conscientes (a las mujeres) de que teníamos un cuerpo para gozar, aprender y sentir,  perfectamente capacitado para ello. Y que tenía el derecho de ser atendido como podía ser otra parte de la persona.  (2)

En “La anunciación del ángel” se revisa el modelo de comportamiento femenino. La hablante es la que inicia el acto sexual con lo cual la pasividad sexual femenina se convierte en agresividad:

Muriérame, si no antes

de saber qué me anuncia este desasosiego,

rosa gradiolo o en mi vientre ascua.

No antes de que, febriles, mis dedos por tus  ropas

desordenándolas las desabotonen,

se introduzcan y lleguen

y puedan contemplar, averiguarte,

con su novicio tacto.               (15-22)

En este poema, la hablante adquiere la iniciativa y admira y toca el cuerpo del amado. Por medio del gladiolo se representa el falo para la contemplación que luego se convierte en pasión en el vientre femenino. No importa que sea la primera vez que la mujer se acerque a un hombre como lo apunta el verso “con su novicio tacto.” El hecho de que sea la primera experiencia sexual no impide que la curiosidad acelere sus dedos y quiera “averiguar” por su cuenta, no espera a que le “enseñen.”  En el poema “Inconfesiones de Gilles de Rais,” la hablante toma la iniciativa sin ningún pudor, con sus dedos ya expertos:

Es tan adorable introducirme

en su lecho, y que mi mano viajera

descanse, entre tus piernas, descuidada,      (1-3)

La hablante seduce al no iniciado amante y describe con placer sensual el falo:

-cimera encarnada y jugosa

tendrá el sabor de las fresas, fresas-

presenciar la inesperada expresión

y al desenvainar la columna tersa

de su anatomía que no sabe usar

aún, mostrarle el sonrosado engarce

al indeciso dedo, mientras en pérfidas

y precisas dosis se le administra

audacia. Es adorable pervertir

a un muchacho,                                  (5-13)

El deleite del personaje no tiene inhibiciones y se complace en describir el proceso del placer sexual femenino, tanto tiempo reprimido por la tradición.

En otros poemas, Rossetti utiliza el lenguaje religioso para expresar el amor humano. En “Festividad del dulcísimo nombre,” Rossetti invierte el lenguaje místico de lo erótico y lo divino. Mientras San Juan utiliza el amor humano para cantar en amor divino, la poeta recurre al lenguaje religioso para expresar el intenso gozo del amor físico:

La luz extremecíase con tu nombre

como un corazón era saltando entre los nardos

y el misal fatigado de mis manos cayendo,

estampas vegetales desprendía

cual nacaradas fundas de lunarias.

Párvulas lentejuelas de tul,

refulgiendo,

desde el comulgatorio

señalaban mi alivio.

Y anulada, enamorada yo

entreabría mi boca, mientras mi cuerpo todo

tu cuerpo recibía.                                   (19-29)

La comunión del cuerpo de Cristo queda transformada en la culminación del acto sexual.. La hablante siente el cuerpo del amante dentro del suyo al igual que la comunión religiosa.

Así también, el lenguaje religioso y sus historias de mártires le sirven a la autora para plasmar el dolor del abuso infantil . En el poema “Bárbara niña, presiente su martirio” se pone de manifiesto la confusión que provocan las creencias religiosas en la mente inocente de las niñas:

Y sabía que toda la hermosura

y el peligro se congregaba allí,

como en todos los cuellos de los mártires,

en esos cuellos dóciles, abatidos

por el amor más trágico.                     (4-8)

La protagonista, influenciada por la historia de los mártires, cree que la violación que sufre por parte de su padre es parte del sacrificio del cristiano:

Y por eso, cada noche, mi padre

desgarraba la organza

-peinada madreselva- de mi colcha.

Doblando mi cabeza, pulsera era mi pelo

por sus venas azules, y a la espada

-olía a cobre su pecho tan cercano-

mi garganta ofrecía.             (9-15)

La hablante siente miedo pero todo lo olvida al sentir el placer que la hace contener sus gritos y espera la muerte que supone vendrá con el orgasmo: “pues la muerte me espera cautelosa/ antes de la postrera sacudida/ y me ofrece vitrales y coronas de mirto” (22-24). Luego se recupera y dice “no quiero resbalar”  y pide que un ángel “detenga mi martirio” pero no es posible y sufre otra vez más la violación.  El tema del incesto, presentado con lenguaje religioso conlleva doble revisión: la mujer como objeto de abuso en la niñez y la pesada carga de la religión sobre ella.  La religión, que debía darle el valor espiritual para ser el ángel del hogar, le proporciona a la hablante-niña la justificación para sobrellevar el abuso.  La debilidad de la mujer, condenada  por Fray Luis de León como una deficiencia moral, y que debería de inspirar en los hombre el deseo de protección, se vuelve en su contra y, mucho más, siendo una niña.  En otro poema, “Santa Inés en agonía,” se retoma el tema religioso para exponer el acoso masculino, esta vez asociado al motivo de la culpa: “Defiéndeme tú/ pues en la lisa acera/ rebozan de continuo ramadas de amapolas,” (5-7).   La tentación y la curiosidad del sexo preocupan a la hablante:

y a mis ojos inocencia asomada

seduce demasiado, es valioso argumento

para abrir charoladas portezuelas,

alcanzarme, someterme al asedio,           (8-11)

La hablante está consciente de que existe un asedio que la conducirá a la desgracia dentro de una sociedad patriarcal que pide que la mujer sea “pura y alba”; que dejará en su boca “el viscoso sabor de la vergüenza.”   El poema es una revisión  de la culpa femenina, ya que aunque el hombre acosa es la mujer la que tiene que sufrir las consecuencias:

Defiéndeme tú

porque todo me culpa: el desvanecimiento,

la poca ligereza de mis piernas,

el cimbrear, incluso, que tienen mis vestidos,

el tener trece años, el sedal de mi pelo,

y que mis manos son desvalidas y mansas. (17-22)

 

En el poema “De pubis angélicos” la voz poética vuelve a su marcado erotismo para indagar sobre el sexo de los ángeles. Con imágenes de cautela y acecho, la hablante se deleita en la expectación:

Divagar

por la doble avenida de tus piernas,

recorrer la ardiente piel pulida,

demorarme y, en el promiscuo borde,

donde el enigma embosca su portento,

contenerme.                        (1-6)

Otra vez es el curioso dedo femenino, ya visto en el poema  “Inconfesiones de Gilles de Rais,” el que no se atreve ” a saber qué le aguarda./ A comprobar, por fin, el sexo de los ángeles.”

De esta manera, Rossetti aprovecha la expresividad del lenguaje místico para revisarlo e invertirlo de tal forma que la ayuda a configurar el mundo femenino. En consecuencia, estas nuevas posibilidades destruyen las reglas impuestas por el sistema patriarcal y exponen una nueva visión de mundo donde la mujer es dueña de su destino.

Conclusión

Por medio de la desmitificación, mejor dicho, la subversión, Rossetti enfrenta el tema de la mujer como una revisión de los códigos culturales, para plasmar una perspectiva y una experiencia femenina capaces de trasmitir sus estados mentales y sus juicios acerca del mundo.  En su empeño, se enfrenta al complejo socio-psicológico de la infancia para acallar su influencia y lograr que la mujer-adulta se sienta libre de expresar su opinión. De igual manera, al poner de manifiesto el erotismo femenino como un derecho tácito, y la experiencia femenina y sus necesidades como una realidad que ya no acepta la periferia sino que quiere ser un todo, Rossetti enfrenta la realidad hegemónica patriarcal  para cuestionarla y hacer que su “discurso circule” (Cixous, 292) y por medio de él se invente un futuro. Y por último, Rossetti se enfrenta a sí misma para alcanzar y promover su visión del mundo, una visión , como afirma Wilcox, femenina y feminista.

 


NOTAS

1       Los críticos feministas, al reconocernos nosotras mismas como mujeres, estamos en el proceso de balancear esa clase de vacío de la visión de la humanidad y la realidad. Como afirma Marcia Holly “we are questioning and analysing the depections of women and the treatment of women’s lives in literature,” (42).

 

OBRAS CITADAS

Aldaraca, Bridget. “El ángel del hogar: The Cult of Domesticity in

Nineteenth-Century pain.” Theory and Practice of Feminist

Literary Criticism. Ed. Gabriela Mora and Karen     S. Van

Hooft. Eastern Michigan University: Bilingual P, 1989. 62-

87.

Cixous, Héléne. Female Studies VI. Eds. Nancy Hoffman,

Cynthia Secor, Adrian Tinsley. Old Westburry: The Feminist Press. l972

Cramsie, Hilde y Rosas, Yolanda. “Ana Rossetti: novísima poesía. Parte II.” Literatura contemporánea de España. I.L.C.H. VII Simposio Internacional. 1991. 189-197.Humm, Maggie. Feminist Criticism, Women as Contemporary Critics. London: The             Harvester Press. 1986.

Keller, Lynn y Miller, Cristanne. Introduction Feminist Measures:

Soundings in Poetry   and Theory. Keller and Miller, Editors. The University of Michigan P. 1994.

Kristeva, Julia. “Women’s Time” in The Kristeva Reader. New

York: Columbia UP. 1986.

Rosas, Yolanda e Hilde Cramsie. “Ana Rossetti: Novísima poesía.

Parte I.”  Literatura    femenina contemporánea. Editoras Juana Arancibia, Adrienne Mandel y Yolanda Rosas. 1991.  189-207.

—– Entrevista con Ana Rossetti. Inédita. 1995.

Rossetti, Ana. Devocionario. Introducción por José Infante.

Madrid, 1986.

—– Yesterday. Prólogo de Pablo García Baena. Madrid. l988.

—– Imago Passionis. Introducción de Maria Grazia Profeti.

Florencia1994.

—– Punto umbrío. Hiperión. Madrid, l995.

Servodidio, Mirella. “Ana Rossetti’s Double-voiced Discourse of

desire.” Revista hispánica moderna. 45:2, 318-327. 1992.

Ugalde, Sharon Keefe. “Erotismo y revisionismo en la poesía de Ana Rossetti.”Siglo XX/ 20 Century, 7, 1-2 (l989-90):24-29.

Wilcox, John. “Ana Rossetti y sus cuatro musas poética.” Revista Canadiense de estudios hispánicos. Vol. 14, No.3,             Spring, l990. 525-540.

Sobre el autor

Revista Carácter

Carácter es la revista que representa a la Universidad Del Pacifico, su nombre va con la fuerza y personalidad de la Institución, sus personeros, profesores, estudiantes y graduados, que desde su fundación han seguido la línea trazada por la Universidad, formar empresarios con visión internacional. Carácter va a publicar los procesos de investigación científica, realizada dentro de la Universidad Del Pacífico, como un espacio de intensa reflexión sobre el papel de divulgación de los ensayos, de nuestro propio claustro académico y de las Universidades extranjeras con las que mantenemos convenios, así como un espacio para los docentes de la hermana universidad ecuatoriana. Carácter quiere mantener en pie el significado de una Universidad Universal, donde los principios de la libertad, democracia, autonomía, ética, responsabilidad social y desarrollo sustentable, el pensamiento crítico y el conocimiento universal, entre otros, alimentan día a día la educación de nuestros jóvenes.

No hay comentarios